Ahora que llega el verano, y con él el tiempo libre, nada mejor que aprovechar para ir haciendo una limpieza profunda en la casa.
Pero no debemos olvidarnos de los pequeños detalles, como los marcos de las puertas, los cantos superiores de los cuadros -que ambos acumulan mucho polvo- y por supuesto, tampoco podemos olvidarnos del teclado, esa herramienta que aporreamos a diario y que sufre todo tipo de inclemencias que terminan convirtiéndolo en algo que jamás tocaríamos si lo encontrásemos en la calle.
Como el tema puede ser un poco impactante (por no decir asqueroso), las imágenes después del salto; avisados estáis.

¡Chan chan! Y mirad que los que me conocéis sabéis que soy bastante propenso a la limpieza, pero he de reconocer que a la hora de hablar del teclado, lo suelo tener un poco abandonado, la verdad.
A diferencia de la última vez, el teclado no ha sufrido ningún baño de té o café, por lo que la suciedad en si era mero residuo sólido, como el que se suele encontrar al barrer la casa (me ahorro la descripción).
Las teclas también tenían una coloración y textura propia, así que nada mejor que media horita en un barreñito con Fairy, y como nuevas. El teclado en si lo limpié pasando varias veces un pincel, y luego un trapo humedecido. Al final quedó tal como:

Menudo cambio, ¿eh? Si hasta parece nuevo. Ahora la idea sería intentar mantenerlo así, pero mientras escribo estas líneas me estoy fijando en que ya hay varias teclas otra vez manchadas. En fin, se ve que es algo imposible de combatir -_-’