España, reflejo de su gente

Ayer por la noche me encontraba por la nueva Plaza del Callao, esperando a un par de amigos. En la espera, me dediqué a una de mis aficiones favoritas, la de observar. En el tiempo que estuve allí parado, unos quince minutos, vi más que suficiente para tener claro que si este país va como va, es porque la gente corriente, el ‘pueblo’ que dirían los dirigentes políticos, hace que sea así.

El principal detalle en el que me fijé es que la gente va por la vida sin tener en consideración al resto; sencillamente avanza, y si golpea o pisa a alguien, suelta un inocuo “lo siento” y sigue su camino, sin siquiera pararse a mirar a la persona a la que ha molestado. Un claro ejemplo fue el empleado del servicio de limpieza municipal que estaba hablando -a gritos- con los tenderos de un puesto de castañas. Mientras avanzaba hacia atrás intercambiando bromas y risas con el hombre de las castañas no reparó en una cría de unos cinco o seis años que andaba a su bola, la cual fue arrollada por el señor de la limpieza.

Tras el paupérrimo “lo siento” que le soltó a la madre, siguió con su tarea de limpiar las cáscaras de castañas que tapizaban el suelo público. A escasos pasos de él, una mujer de unos treinta y tantos tirando a cuarenta se dedicaba a comer castañas y tirar las cáscaras al suelo público que el señor de la limpieza se dedicaba a limpiar, a escasos pasos de ella como digo. Quizás no se había fijado que a su lado había un cubo enorme de la basura, o a escasos cuatro metros, una papelera pública.

El pararse en mitad de los pasos de gente, ya sea delante de una puerta o en un espacio pequeño, está al orden del día. ¿Que quedamos en una boca de Metro? Pues nada mejor que quedar, literalmente, en la puerta del Metro, molestando a la hora de entrar y salir del mismo. O mejor aun, vayamos con moto -de las grandes- por la acera, obligando a los peatones a apartarse, que es más práctico que esperar el semáforo. Y si alguno no se quita, ya escupiremos en el suelo público para espantar a la gente.

Otro ejemplo que tengo reciente es el viaje que hice a Murcia, y de donde proviene la foto de cabecera. El autobús iba un poco guarrete a la ida, ya que el día anterior había tenido otro viaje largo, pero es que a la vuelta, era un auténtico basurero. Para que os hagáis una idea, por el pasillo se podía ver rodando varias botellas de plástico, un envoltorio de chorizo, tetrabricks de batidos, bolsas de patatas y hasta tarrinas de mermelada… WTF!!

La cuestión no es ya que el conductor tenga que limpiar o no el autobús, sino que nosotros, los alumnos, deberíamos cuidar el material con el que contamos -en este caso el autobús- y no convertirlo en un vertedero con ruedas, como era el otro día. Por suerte, un chaval pilló una bolsa y recogimos gran parte de la mierda del pasillo, pero la de los ceniceros y la de los asientos, ahí se quedó.

Como se suele decir, la realidad se forma a base de pequeños detalles, y viendo el panorama como está, comprendo que seamos un país de chichinabo, o de pandereta, como se vuelve a decir últimamente (o al menos más de lo normal). ¿Tanto cuesta ir con cuidado por la calle para no molestar al resto? ¿Tan difícil es tirar la basura a las papeleras y no al suelo? ¿Es tan complicado ser higiénico?

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  • Parece que aun no hay nada relacionado =(

Una respuesta a España, reflejo de su gente

  1. Marga dijo:

    Me he quedado alucinada con lo del bus, menuda marranada… o_O

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