Anoche tuve la cena de despedida del curso de japonés, ya que el año que viene algunos ya no estarán por aquí, y los que quedamos, no somos suficientes para formar un nuevo curso (aparte del problema de los horarios).
Así que ni cortos ni perezosos nos fuimos a cenar al Kintaro, un restaurante de cocina chinojaponesa regido por chinos, aunque la calidad de la comida era excepcionalmente buena, en especial el yakitori, que estaba tremendo (y del que terminé empachado xD). Y por raro que parezca, fue bastante barato para toooodo lo que comimos.
De paso, aprovechamos la cena para despedir a dos chicas, una de ellas compañera de clase, que el año que viene estará con una beca en una universidad japonesa cercana a Fukuoka, y a otra chica japonesa que había venido a pasar el verano por España para aprender mejor nuestro idioma.
Lo que se aprecia en la foto es el nuevo libro del Minna no Nihongo (no se presta para fotocopiar xD), uno de los principales manuales para aprender japonés. Este es el libro que sirve para preparar el nuevo nivel N3 del examen de aptitud japonesa que estará en vigor a partir del año que viene. Tal como nos dice la profesora (que es quién me ha traído el libro desde Japón), como llevamos ya tiempo preparando el nivel 2 del actual examen de aptitud, presentarnos al nuevo N3 (nivel 2.5 actual) será bastante sencillo para nosotros (aunque yo tengo mis dudas
).
La profesora también nos regaló unas láminas/postales japonesas muy cucas sobre la historia de un monje zen (cada uno tenemos una distinta). El caramelito fue cosa de la chica japonesa, y es de sabor a ciruela ácida. Aunque en la foto no sale, también nos regalaron unas pegatinas transparentes de colores muy chulas con palabros en japonés. Yo me cogí una que dice que ahorres agua xD
Así que bueno, fue una noche agradable en la que estuvimos hablando y rememorando años pasados. Ahora toca mirar al frente y organizarse la vida, puesto que el próximo año mis estudios de japonés dependen únicamente de mi, así que ya me vale ponerme bien las pilas y no dejarlo abandonado, que me sentaría fatal.