La princesa Kaguya

Ayer os hablaba del reciente éxito por parte de la agencia espacial japonesa (JAXA) en su misión a la Luna. La sonda enviada ha nuestro satélite se le denomina SELENE, pero tal como os dije ayer, todo el mundo la conoce como “Kaguya”. Pero, ¿porqué han decidido llamarla de ese modo?

Pues bien, existe una leyenda japonesa acerca de una princesa llamada Kaguya, la cual paso a relatar tras el salto.

Se cuenta que, hace muchos muchos años, vivían en las montañas japonesas una pareja de ancianos, los cuales no habían tenido hijos. Malvivían a duras penas con lo que el anciano era capaz de sacar de la venta de troncos de bambú a las familias de un pueblo cercano a su casa.

Un día, cuando el anciano salió a cortar bambú, encontró un tronco del que parecía emanar una cálida luz dorada. El anciano, más curioso que asustado, se acercó al tronco preguntándose porqué brillaba. Tras tantearlo durante un rato y no encontrar explicación, decidió cortarlo.

Cual fue su sorpresa al encontrar, en el interior del tronco, una risueña y preciosa niña. Extrañado de encontrar un bebé en el interior del bambú, decidió llevarlo a casa para consultar con su esposa. Nada más mostrárselo, la mujer empezó a llorar de felicidad, asegurando que debía de ser un regalo del cielo. Viendo la ilusión de su mujer, el anciano decidió que se quedarían con ella y la cuidarían como si se tratase de su propia hija. Decidieron también que la llamarían Kaguya (輝夜), que en japonés significa “Luz brillante”, ya que la habían encontrado brillando dentro del bambú.

A partir de ese día la vida de los ancianos fue a mejor, ya que todo el bambú que cortaba era vendido rápidamente y a muy buen precio en los mercados, puesto que era de muy alta calidad. Además, solía encontrar algo de oro cuando iba a los bosques a cortar bambú. Toda esta buenaventura no podía venir más que de su hija, la cual crecía sana y grácil hasta convertirse en una bella y apuesta jovencita.

La buena fortuna de la familia, así como la belleza de su hija, corrió de boca en boca por toda la región, por lo que a los pocos años empezaron a llegar pretendientes para su querida hija. Éstos no sólo eran hijos de otras familias conocidas, sino que también vinieron jóvenes nobles de poderosas familias, que habían quedado prendidos por las historias que se contaban sobre la joven Kaguya, la cual era considerada como una princesa.

Aunque los ancianos deseaban que su hija se casase, habían dejado la última decisión en manos de ella, la cual no parecía estar muy a gusto con la idea de casarse, por lo que solía poner ciertas condiciones -la mayoría disparatadas o imposibles- a cumplir a sus pretendientes, los cuales terminaban desanimándose.

Sólo cinco príncipes venidos de diversos y lejanos lugares aceptaron sus condiciones, las cuales fueron: para el primero, encontrar un cáliz sagrado que perteneció a Sidharta Gautama; el segundo debía traer una rama legendaria formada enteramente por la plata y el oro más fino; el tercero debía encontrar una capa hecha de pelo de rata de fuego, un animal que se cree que existía en China; el cuarto debía traer un collar cuyo brillo no tenía igual, el cual pertenecía a un dragón; y por último, el quinto tendría que traerle una concha especial, custodiada por las golondrinas como su mayor tesoro.

Aun sin tener claro si lo que tenían que encontrar y traer de vuelta existía realmente, los cinco jóvenes partieron decididos a encontrar los tesoros que les permitirían desposar a la bella Kaguya.

No se supo de ellos en los siguientes años, hasta que por fin, el primer joven regresó triunfal con un cáliz en sus manos. Pero en vez de ser el verdadero cáliz de Buda, el joven noble en vez de haber ido hasta la India en su busca no pasó de la ciudad de Kioto, donde compró en un templo un cáliz, el cual estropeó para darle aspecto de antiguo. La joven se dio cuenta del engaño al momento, ya que aunque el cáliz parecía viejo, carecía del halo sagrado que habría caracterizado al verdadero, por lo que desechó al pretendiente, el cual se marchó sin decir una sola palabra.

Poco tiempo después regresó el segundo pretendiente con una exquisita rama de oro y plata. Impresionada la princesa, pensó que realmente el joven noble había cumplido su promesa de buscar la rama de plata y oro más fino que existía. Pero tras el joven noble venían una serie de joyeros, preguntando por su dinero, ya que el joven noble, como era rico, había decidido pedir a los joyeros que le hiciesen la rama, en vez de buscarla él. Hastiada, la princesa desechó también al noble, el cual marchó farfullando por lo bajo.

No pasó mucho tiempo antes de que el tercer pretendiente regresase, también con su trofeo; una capa de auténtico pelo de rata de fuego, o al menos eso le habían dicho una serie de comerciantes a las que se la compró por un valor desorbitado. Omitiendo este último detalle, el joven vendió las virtudes de la capa que tanto le había costado encontrar. Sin embargo, cuando se la fue a ofrecer a la princesa, la capa entró en contacto con la llama de una vela, prendiéndose inmediatamente y quemándose completamente al poco tiempo. La princesa Kaguya argumentó que si fuese de verdadero pelo de rata de fuego no habría ardido, por lo que el noble fue rechazado, marchándose por donde vino cabizbajo.

Pasado un tiempo, un mensajero llegó a la casa de los ancianos, portando un mensaje de su amo, el cuarto noble. En él decía que tras haber iniciado su búsqueda del dragón, le siguió el rastro hasta los océanos, por lo que fletó un barco y se echó a la mar. Pero no mucho tiempo después, una gran tormenta cayó sobre él, y que a duras penas pudo sobrevivir. Cuando volvió a la costa, cayó gravemente enfermo, por lo que tuvo que volver a su hogar y desistir de buscar el preciado collar.

Casi al tiempo que marchó el mensajero, llegó el quinto y último noble. Éste no venía con ningún tesoro, ya que argumentó que aunque había buscado por todos los nidos de golondrina que conocía, había sido incapaz de encontrar la concha, por lo que desistía de pretender su mano.

Con esta última visita, la princesa había conseguido su objetivo; el deshacerse de todo pretendiente. Pero no contaba con que el propio emperador había oído hablar tanto de ella como de sus pruebas, por lo que intrigado había decidido conocerla. El revuelo que se organizó en la región fue tal, que miles de personas de otros lugares decidieron asistir al evento para ver al hijo del cielo.

Como era de esperar, cuando llegó el emperador, nada más verla, quedó enamorada de ella, por lo que le pidió que se casase con el. Ante la negativa de la princesa, le solicitó entonces que fuese con él a palacio, para que se pudiesen conocer mejor. Ella le contestó que le era imposible, ya que no pertenecía a este planeta. El emperador, confundido con la explicación, decidió volver a palacio, no sin seguir insistiendo a la princesa tanto con mensajeros como con presentes.

Con el paso de los meses, la joven princesa se iba volviendo más y más melancólica, hasta el punto de que se quedaba noches enteras contemplando la luna, con los ojos húmedos por las lágrimas.

Preocupados, sus ancianos padres le preguntaba a qué se debía su malestar, pero ella apenas les respondía sobre el dolor que la afligía. Hasta que un día de agosto, la noche antes de luna llena, la joven Kaguya decidió contarles a sus padres el problema; ella no había nacido en este planeta, sino que venía de la luna. Por lo tanto, debía de volver a su tierra, así que la siguiente luna llena, vendría a recogerla.

Los ancianos, asustados, le rogaron de mil maneras que se quedase con ellos, a lo que ella les respondió que le era imposible, ya que no era decisión suya. El anciano decidió entonces pedir ayuda al emperador. Enterado éste de la situación, mandó a todo un destacamento de la guardia para que protegiesen la casa del anciano e impidiesen que se llevasen a la joven princesa.

A la siguiente noche, toda la casa se encontraba rodeada y custodiada por los soldados, los cuales no perdían ojo de la princesa. Cuando la luna llena alcanzó su punto más alto en el cielo, un río de luz plateada descendió desde ésta hasta la casa, cegando a todos los presentes. En ese momento, la princesa se despidió de los que habían sido sus padres en la Tierra, dándoles las gracias por todo, y dejando una carta de despedida para el emperador. Hecho esto, la princesa desapareció.

Tras amanecer, el emperador se enteró de lo sucedido, por lo que decidió mandar todo un ejército de sus mejores tropas a escalar el monte Fuji para que, una vez en la cima, quemasen una carta escrita por el emperador a la joven, con la esperanza de que ésta pudiese recibir el mensaje desde la luna.

Justo un año después, donde se había quemado la carta, se encontró una capa finamente tejida, la cual no parecía provenir de este mundo. Tras meditar durante un tiempo el significado de dicha capa, un sabio monje llamado Miatsu explicó que si alguna vez se daba la situación de que saliese la noche y no marchase nunca, era preciso subir al monte Fuji y quemarla.

El emperador, extrañado, le preguntó al monje la razón de ello, a lo que éste le respondió que la princesa Kaguya había recibido el mensaje mandado por el emperador, y que apenada por su marcha, había decidido hacer de la Tierra un lugar semejante a la luna, con noche eterna. Tras comprender el alcance de las palabras del monje, el emperador le pidió que impidiese que la princesa pudiese volver de la luna, encerrándola en ella para siempre.

El monje accedió a la petición del emperador, por lo que usando un gran espejo de palacio, así como los cinco objetos que la princesa había pedido en su día a los jóvenes príncipes; el cáliz, la rama, la capa, el collar y la concha, realizó un ritual que usó los objetos como llave para abrir o cerrar el portal existente entre la luna y la Tierra. Con ello, la joven princesa no podría volver a la Tierra, por lo que el planeta estaría a salvo de su influjo. Por último, la capa de Kaguya fue entregada a una influyente familia, la cual se supone que tenía grandes poderes espirituales, para que la guardase y protegiese.

Al poco de sellarse el portal, la princesa se enteró de lo ocurrido y de la traición del emperador, por lo que enfurecida buscó una manera de vengarse. Pidió a uno de los habitantes de la luna que hiciese estallar el monte Fuji en grandes rocas ardientes y sofocantes gases, que matasen y arrasasen todo el imperio. El selenita así lo hizo, convirtiendo en monte Fuji en un volcán. Pero este no estalló, ya que la furia que sentía la princesa no era lo suficientemente grande como para hacerlo entrar en erupción, por lo que se mantuvo latente, a la espera de que ésta creciese.

Como veis, es una bella historia con un final algo triste.

Una vez conocida la leyenda, es fácil comprender porqué han decidido llamar como “Kaguya” a la sonda enviada a la Luna. Pero no es el único caso, ya que en Japón esta leyenda es bastante famosa y conocida, apareciendo en un montón de sitios, y siendo una de las preferidas de los niños, aunque omitiendo la última parte.

Por ejemplo, para los que sepan algo de japonés (>A2.1), os dejo por aquí el enlace al cuento de la princesa Kaguya escrito únicamente en hiragana, con un vocabulario bastante sencillito. Es para niños y tiene sólo ocho páginas, así que se lee en un momento.

Otro ejemplo lo encontramos en el juego Ôkami (PS2/Wii), en el cual en un momento dado nos encontramos con un anciano con un gorro en forma de bambú, el cual nos cuenta que tiene problemas con su hija. Tras encontrar a la hija, que resulta ser la señorita de la imagen anexa a este párrafo, ésta nos manda una misión estrafalaria; encontrar un objeto la mar de raro, que está en posesión de un tipo aun más raro si cabe (vale, no recuerdo qué había que encontrar xD).

La cuestión es que cuando se lo devolvemos, nos da las gracias y nos dice que se tiene que ‘marchar de viaje’. En esto una especie de nave espacial baja del cielo para recogerla y marcharse de camino a la luna, dejando a todos los presentes con la boca abierta.

Si nos ponemos a mirar con cuidado, encontramos miles de referencias a esta historia por todas partes, hasta el punto de existir un llavero de Hello Kitty de Kaguya. Ah, y si nos ponemos en serio, hay hasta un crucero de más de 370.000 toneladas que se llama Kaguya.

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5 Respuestas a La princesa Kaguya

  1. _Swindler dijo:

    Ohh :3 me encanta esta historia~ la leí cuando era pequeña en un libro de leyendas japonesas, pero la historia era un poco distinta: Kaguya se tiene que ir, y como agradecimiento, a la pareja de ancianos les da un trozo de algo (la verdad es que no lo recuerdo ^^U, fue hace mucho tiempo..) que si lo toman les dará la eterna juventud; pero se quedan tan apenados que no quieren vivir una vida eterna sin ella, así que lo llevan al monte Fuji y lo queman, y de ahí que salga siempre humo.
    Obviamente, no recuerdo las frases exactas ^^U pero era así :) hum! y la verdad la prefiero así a todo lo del emperador ¬¬

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