La semana pasada sucumbí a la tentación y me permití un capricho; comprarme el objetivo 50mm f1.8 de Canon.
Dicho objetivo es uno de los que mejor calidad/precio tienen de toda la gama de Canon, que con una apertura de 1.8 consigue unas fotos de una luminosidad increíble, sin dejar de lado una nitidez más que aceptable en cada foto, aunque bien es cierto que los mejores resultados se consiguen a partir de un f de 2.5-2.8. El efecto de desenfoque de profundidad de campo (o como dicen los ‘entendidos’, el bokeh) es bastante suave, aun cuando el diafragma tiene sólo cinco hojas (y para lo que cuesta).
La única pega que le pongo, es que el anillo de enfoque es un poco extraño, teniendo forma cónica, por lo que es un poco molesto de utilizar.
Aunque lo tengo desde el miércoles pasado, todavía no he tenido casi tiempo de probarlo, ya que hasta mañana todavía sigo en ‘modo exámenes’. He hecho unas cuantas pruebas, y como digo, me encanta. Es parecido al otro objetivo de 50mm que tengo, pero sin ser un macro y con una apertura mayor (el macro tiene un f2.5 mínimo).
A ver si mañana que termino puedo empezar a jugar bien con él y ver de qué es capaz el pequeñín, ya que comparado con los otros que tengo, es realmente enano y no pesa nada (algo menos de 150g, para alivio de mi espalda, jeje).
Por lo pronto, os dejo con una par de fotillos de prueba que he tomado. Corresponden a un incensario que tengo de Hotei, un monje chino que vivió allá por el año 500 aproximadamente, y que común -pero erróneamente- se lo conoce por estos lares como “el Buda Feliz” o “el Buda Sonriente”. Seguro que habréis visto a este simpático rollizo en vuestro restaurante chino habitual o en las tiendas del todo a 0.60€.