Reconstrucción de la formación de un fósil

Hoy traigo una curiosidad referente a la formación de un fósil. No se trata de ningún hueso chulo o la pisada de algún reptil de la antigüedad, sino de la marca de una ramita. Quizás no parezca gran cosa, pero sirve perfecto para explicar cómo se forman este tipo de fósiles.

Normalmente existe la creencia que un fósil no es más que una parte de algún organismo vivo del pasado que quedó enterrado en el suelo, hasta que un suertudo y carismático científico lo descubre de chiripa y se hace de oro. En cambio, cuando se habla de marcas de desplazamiento, moldes o contramoldes de plantas o incluso coprolitos (cagadas fosilizadas, resumiendo), a la gente le extraña. Curiosamente si se habla de xilópalos (madera fosilizada) o pisadas de dinosarios, si que “nos suena” a fósil.

Debemos entender un fósil como los restos o señales de la actividad de los organismos en el pasado, los cuales han llegado hasta nuestros días tras sufrir una serie de complejos y largos procesos fisicoquímicos, que es lo que se conoce como fosilización.

En el caso de mi ejemplo, podemos ver en la imagen que la roca en cuestión presenta una “acanaladura” longitudinal, con una ramita en su extremo. Es lo que se denomina un ichnofosil (o icnofósil). Bien, esa ramita representa a la ramita que hace miles de años quedó envuelta por un barro pastoso, que es lo que inicialmente era la roca. Con el paso del tiempo, el barro se fue compactando, dejando bien atrapada la ramita, la cual poco a poco se fue descomponiendo hasta desaparecer. Pero como el barro ya estaba algo endurecido, el “hueco” formado por la rama se conservó perfectamente hasta nuestros días.

Como he dicho al principio, puede que no pueda parecer gran cosa, pero creo que no deja de ser interesante y curioso ver algo que se produjo hace cientos de miles de años. Si admiramos una catedral de hace 500 años, ¿porqué no edificios “naturales” de hace 500.000 años?

Y lo mejor de todo es que cualquier puede verlo y tocarlo sin mayor problema, ya que si nos fijamos, encontramos fósiles por todas partes; desde las paredes de portales o el Metro, pasando por las rocas decorativas de los jardines; esas blancas con agujeros, los cuales se formaron también por acción de las ramitas.

La foto que os he enseñado está tomada en los Jardines del Buen Retiro (o Retiro a secas) de Madrid, junto al palacio de cristal. Si alguna vez pasáis cerca, id a la pequeña cascada que hay en un lateral del estanque. Si cruzáis la cascada por debajo, os recomiendo mirar el “techo” del paso; está lleno de cientos de estos fósiles, los cuales se ven transversalmente, formando una infinidad de tubitos. Si pasáis por arriba, junto a la barandilla del mirador, encontrareis esta roca en particular y muchas más.

Si deseáis más ejemplos, os recomiendo visitar la galería de fotos de una salida de campo que hice hace tiempo, en la que  estuvimos viendo un montón de estos ichnofósiles.

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