Un cuentecillo faérico
Escrito el 26 de Junio de 2006 por Imrishale |
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Saludos viajeros, sed bienvenidos a mi humilde Blog. Venid, sentaos junto al fuego y poneos cómodos. Habéis tenido suerte, ya que esta noche vamos a contar una historia muy antigua, de cuando las lenguas del pasado eran las vivas. Dicha historia narra lo que le sucedió a dos viajeros que se dirigían hacia el condado de Midlesex, en el norte de Escocia.Por aquél entonces, viajar era mucho más complicado y arriesgado de lo que es hoy en día. Nuestros dos viajeros a los que me refiero, músicos de profesión, se encontraban viajando de vuelta a su hogar tras una temporada de vida ambulante en busca de ganancias para poder pasar bien el invierno.Se encontraban a pocos kilómetros de su poblado cuando les cayó la noche, por lo que decidieron pasar la noche cerca de un puente que cruzaba el río que pasaba por el pueblo, ya que aunque habían ganado algo de dinero, no querían perderlo en dormir en una posada. Por tanto, dejaron su equipaje; sus mochilas y sus violines, ya que eran violinistas, y prepararon un campamento donde pasar la noche. Bajo un techo estrellado y una brisa fresca y suave, cenaron y se relajaron hasta quedarse dormidos, aunque no por mucho tiempo, ya que el chasquido de una rama les despertó.Ante ellos se encontraba un un hombre bajito, barbudo y sonriente, que los miraba fijamente. Tras saludarles y disculparse por despertarles, les preguntó si por casualidad no serían violinistas, a lo que los viajeros respondieron afirmativamente. Una gran sonrisa se dibujó en el rostro del pequeño desconocido, el cual pasó a explicarles su problema: estaba organizando una fiesta y tenía bailarines, flautistas y cantantes, pero carecía completamente de violinistas, ya que no había podido encontrar ninguno. Entonces, les propuso que si iban a tocar a su fiesta, a cambio se comprometía a darles otra vez de cenar, una cama en la que poder pasar la noche y que les pagaría con monedas de oro.Los viajeros aceptaron de inmediato, felices con su buena suerte. Acto seguido, fueron detrás del hombrecillo, el cuál se dirigió hacia el bosque y no hacia el pueblo, como suponían los viajeros, pero no le dieron mayor importancia, ya que bien podría vivir el hombrecillo en una casa rural. Se volvieron a extrañar cuando el hombrecillo, en vez de llegar a una casa, llegó hasta un árbol, en el cual abrió una puerta, detrás de la cual habían unas escaleras que bajaban hacia un pasillo, pero lo asociaron con alguna extrenticidad de su anfitrión.El pasillo que seguía a las escaleras era húmedo y oscuro. El sonido del goteo del agua -continuo- empezó a poner nerviosos a los dos viajeros, aunque al momento les llegó el olor de la comida, el sonido de la música y el fulgor de las velas, por lo que apretaron el paso para llegar cuanto antes. Arrivaron al fin a un gran salón, donde hombres y mujeres bailaban y se divertían. Viendo la animación de había, dejaron sus mochilas, sacaron sus violines y se unieron a la fiesta junto al resto.Estuvieron tocando durante horas, y como nunca lo habían hecho antes. Maravillados de si mismos, no les importó estarse toda la noche tocando, hasta que bastantes horas después tuvieron que darse por vencidos antes el cansancio. Concretaron hablar con su anfitrión para comentarle que estaban cansados y que les gustaría marcharse ya. Cuando lo hicieron, el hombrecillo les dijo que les comprendía y que estaba tremendamente agradecido por su actuación, por lo que sacó de una pequeña bolsita de su cinturón unas cuantas monedas de oro, y les pagó con ellas. Viéndo lo generoso que había sido con ellos, le dijeron que dios le bendijese por su generosidad, pero nada más decirlo, el hombrecillo se deshizo es una nube de polvo gris, parecido a la ceniza.Los dos hombres quedaron aturtidos, preguntándose qué acababa de suceder. Decidieron que había sido una alucinación producto de la bebida, ya que en sus manos tenían el oro y en sus estómagos la comida y bebida consumidas, por lo que marcharon inmediatamente por donde habían venido.Cuando llegaron al lugar donde habían acampado, se extrañaron de no ver los restos de la fogata de anoche, y más aun, se quedaron de piedra al ver que el puente que anoche era de madera, por la mañana era de piedra, y mucho mayor que el anterior. Supusieron, en busca de una explicación coherente, que podría ser que durante la noche los trabajadores del pueblo hubiesen creado uno nuevo, pero no les convencía del todo su propia explicación.Siguieron caminando hacia el pueblo, cuando se cruzaron con un campesino. Quisieron preguntarle acerca del puente, pero no puedieron, ya que el aldeano debía ser extranjero, pues no hablaban el mismo idioma, aunque tenían matices parecidos. Camino del pueblo, se cruzaron con más gente, pero como les pasase con el primer aldeano, no pudieron comunicarse con ellos. Ya en el pueblo, vieron con extrañeza que las cosas no eran como las recordaban hacía escasos meses. Casas nuevas, tiendas distintas; parecía otro lugar. Incluso las caras de los aldeanos les resultaban extrañas.Pasaron por delante del camposanto de la iglesia del pueblo, donde se pararon a descansar un momento. Un miedo empezó a apoderarse de ellos cuando, fijándose en las inscripciones de las lápidas, vieron en ellas grabadas los nombres de algunas personas que ellos conocían. Atemorizados sobre lo que sucedían, corrieron en busca del sacerdote de la capilla para pedirle ayuda.Entraron pues en la iglesia, en la que se encontraba oficiándose una misa. En ese mismo momento, el sacerdote se encontraba bendiciendo la oblea de la comunión. Ambos hombres notaron como en sus bolsillos, las monedas de oro, se deshacían en polvo.Al terminar el oficio, hablaron con el sacerdote, el cual parecía ser capaz de hablar su misma lengua, explicándoles todo lo que les había pasado la noche anterior. El sacerdote, tras meditar un rato el asunto, se aventuró a explicarles como pudo en gaélico, que era la lengua en la que hablaban los dos viajeros, que ese hombrecillo del que hablaban debía de haber sido un duende, y que el lugar a donde habían estado, era parte del país de los duendes. Según tenía entendido, allí el tiempo no pasaba como en nuestro mundo, sino mucho más lento. Por eso, lo que para ellos había sido una noche, al otro lado habían pasado más de cien años, de ahí que todo lo que creían haber conocido había cambiado. Todos sus conocidos y familiaries hacía mucho tiempo que habían fallecido.Bien bien mis querido parroquianos, espero que hayáis disfrutado con la historia como yo contándosla, y de paso, que hayáis aprendido a que no hay que fiarse de los desconocidos, sobre todo si viajais por tierras desconocidas, más si se sabe que pueden vivir estos místicos seres
Un saludo y que descanseis bien.